martes, 29 de junio de 2021

Miguel Hernández - Guerra

Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

 


viernes, 24 de julio de 2020

Julio Cortázar - Zipper sonnet

De arriba abajo o bien de abajo arriba
este camino lleva hacia sí mismo
simulacro de cima ante el abismo
árbol que se levanta o se derriba.

Quien en la alterna imagen lo conciba
será el poeta de este paroxismo
en un amanecer de cataclismo
náufrago que a la arena al fin arriba.

Vanamente eludiendo su reflejo
antagonista de la simetría
para llegar hasta el dorado gajo.

Visionario amarrándose a un espejo
obstinado hacedor de la poesía
de abajo arriba o bien de arriba abajo.

Yamagushi Sodo - La cabaña

Esta primavera en mi cabaña.
Absolutamente nada,
absolutamente todo.

César Vallejo - El dolor de las cinco vocales

Ves
lo
que
es

pues
yo
ya
no.

La
cruz
da

luz
sin
fin.

Manuel Machado - Verano

Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.

Miguel Hernández - Penas ilustres

¿Qué penas tan ilustres son las penas
que se padecen en la serranía!:
¡Qué luminosas penas en la fría
culminación de piedra, y qué serenas!

Félix Antonio González - De dónde vienes

No te preguntaré de dónde vienes
ni a dónde vas... Pasa adelante, hermano.
Partiremos los males y los bienes
de mi zurrón de viejo castellano...

Esta es mi casa: adobe, tierra... Quienes
la amasaron murieron un verano
con un dolor de siglos en las sienes
y un puñado de espigas en la mano.

Partiremos mis males... No, son mios.
Para mí, las sequías y los fríos
y el calor, como un ascua en las entrañas...

Pasa adelante, hermano. Con respeto.
Que en este suelo sabio y recoleto
a bandadas nacieron las Españas.